Loira

Hace ya más de 20 años mis padres comenzaron, junto con parte de la familia de mi madre, a alquilar una casita de veraneo en un humilde y bello pueblo de pescadores en las rías bajas de Pontevedra. El pueblo lo habían escogido tiempo atrás mis abuelos maternos para pasar allí los periodos de vacaciones y varios de sus hijos no tardaron en hacer lo mismo. Desde entonces, aunque mis abuelos fallecieron hace ya tiempo, ni unos ni otros hemos fallado ni una sola vez, y el vínculo familiar que se ha ido creando con este lugar tan especial ha ido en aumento.

Hace unos diez años aproximadamente, mi padre comenzó a llevarse a la playa un cuaderno y un pequeño estuche de acuarelas Winsor, regalo de mi madre. Acostumbrado a un dibujo tan extremadamente minucioso e hiperrealista como era el suyo cuando dibujaba edificios o ciudades, sentía la necesidad de dejarse llevar, de soltar la mano, de poder ser, imagino, un poco más libre.

Esta delicada y sutil acuarela que presento aquí, es una vista de la ría desde la playa. Apenas unos pocos trazos le bastaron para componer este elegante dibujo que a mí, personalmente, me encanta, y que mi madre me regaló las pasadas navidades. Tengo de hecho que pedir perdón porque, está tan bien enmarcado, que no pude sacar el dibujo y tuve que hacer la foto sobre el cristal de modo que se aprecia cierta mancha que no es más que mi propio reflejo! Tampoco los colores son exactamente los mismos.

Aún así, creo que se aprecia bastante bien lo que es la obra: el cielo y el mar fundiéndose en uno; las gaviotas, las rocas, los barquitos… todo en perfecta harmonía y equilibrio, sin molestarse unos a otros, nadie ni nada trata de imponerse sobre los demás, ni siquiera el sol quema… representa la quietud y la calma. Para mí, es la belleza de un dibujo sencillo y puro.

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